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Todo ocurrió exactamente conforme no lo habían
planificado.
Durante varios días, cuatro diputados federales en
Brasilia
coordinaron y llegaron a conmemorar por anticipado el éxito
de una soñada manifestación contra la Embajada
de Cuba.
El
momento les parecía oportuno, se conmemoraba el sép-
timo aniversario de lo que los opositores del gobierno cubano
suelen llamar “la Primavera Negra”, cuando fueron
arrestados
75 contrarrevolucionarios que recibían financiamiento
de
Estados Unidos para promover la subversión en Cuba.
Convencidos
del éxito, los cuatro diputados divulgaron su
proyecto por varios medios de comunicación, imprimieron
carteles gigantes y coloridos con las fotos de los presos
cubanos y convocaron a los principales periódicos y
emiso-
ras de televisión, con la prerrogativa que les concede
el
estatus de sus excelentísimas funciones.
Llegado
el día (18 de marzo) se dirigieron a la Embajada de
Cuba en sus lujosos carros, con sus choferes y guardaes-
paldas de cuello y corbata, y el lamentable coro de otros
cuatro residentes cubanos, uno de ellos procedente inclusive
de otro estado, pues ni siquiera vive en Brasilia.
Pero
cuál no sería la sorpresa de aquel grupito de
8 perso-
nas cuando, frente a la Embajada de Cuba, fueron recibidos
por decenas de manifestantes brasileños y residentes
cuba-
nos, que levantando banderas y a gritos exigían el
fin de las
provocaciones oportunistas y reaccionarias contra el pueblo
cubano.
Desconcertados,
trataron de hablar pero nadie les prestó
atención, y se limitaron a mostrar para las cámaras
sus
coloridos carteles, mientras escuchaban en silencio los
gritos de la multitud.
Y
para que no aparecieran después con historias de falta
de democracia, un brasileño le entregó el micrófono
del
carro de sonido a uno de los disidentes cubanos. Pero sus
argumentos no convencieron a nadie, y como en un gesto
coreográfico los manifestantes, en señal de
desacuerdo,
se viraron de espaldas al orador.
En
fin, estas cuatro ilustres excelencias fueron pensando
en hablar y terminaron escuchando lo que merecían.
Los
manifestantes indignados se volvieron contra el orador.
Como diría el viejo dicho que tanto le gustaba a mi
abuelita:
señores diputados, oportunistas y reaccionarios, de
esta
vez “el tiro les salió por la culata”.
Cese
el ilegal, inmoral y criminal bloqueo que los Estados
Unidos mantienen desde hace ya cinco décadas contra
Cuba; cesen las agresiones y las injerencias en los asuntos
internos de Cuba; liberen a nuestros 5 héroes antiterroristas
presos injustamente en cárceles norteamericanas, y
entonces sí, distinguidos parlamentarios, estaremos
en
condiciones de perfeccionar la democracia en Cuba.
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