|
En Cuba acostumbramos a decir, cuando asisten pocas
personas a un espectáculo o una reunión: “había
cuatro
gatos”.
El pasado 20 de mayo, cuando, cumpliendo con el compro-
miso de sus amos yanquis, un grupúsculo – ¿existe
algún
diminutivo más representativo? - de los llamados “disidentes”
cubanos en Brasilia fueron frente a nuestra Embajada a
levantar unos pequeños carteles contrarrevolucionarios,
pudimos decir con rigurosidad matemática, que eran
cuatro
gatos, porque eran sólo cuatro personas.
Viendo este triste grupúsculo me acordé del
antiguo símbolo
de la RCA Victor, con el perro sentado, escuchando junto a
la bocina del antiguo fonógrafo “His master´s
voice” – la voz
de su amo.
Frente a ellos, decenas de cubanos, brasileños, venezola-
nos, bolivianos, ecuatorianos y uruguayos representando
a múltiples organizaciones e instituciones de solidaridad,
hicieron salir, una vez más, a estos cuatro gatos con
la cola
entre las piernas.
¿Qué representó este encuentro? Que la
Revolución Cubana
fue y es apoyada masivamente, con gran fervor, cariño
y
entusiasmo por representantes de América Latina, simboli-
zando el apoyo universal que Cuba ha ganado en todo el
mundo con su ejemplo y acción y que estos pobrecitos
disidentes no son capaces de llamar a su lado nada más
que a cuatro gatos.
Qué vengan otra vez los cuatro gatos, que los recibiremos
como se merecen, con nuestro entusiasmo y cariño por
nuestra Revolución y con el desprecio que ellos se
han
ganado.
Tirso Sáenz, 21/05/2010
|
|
 |
|